Por donde comenzar, es sin duda la pregunta que primero se nos viene a la mente, cuando uno desea formar un capital.
La relación con el dinero suele no ser fácil. La educación que recibimos, la sociedad en que nos desenvolvemos, y nuestro propio acondicionamiento intelectual, nos inclinan a creer que la riqueza y la buena vida son sólo para los demás, o que sólo pueden lograrse por predestinación.
El individuo que tiene un capital a su disposición tiene grandes posibilidades porque se le abre un horizonte de opciones que puede evaluar, para luego elegir la más conveniente.
De todas las formas que existen para acumular dinero, tales como: asaltar un banco, estafar a otras personas, explotar el trabajo de otros pagando sueldos bajos, traficar drogas, contraer matrimonio con una persona rica, recibir una herencia, ganarse la lotería, o trabajar y ahorrar; sólo la última es una opción que está al alcance de todos, porque depende con plena seguridad de nosotros mismos.

La única fuente legítima de que dispone un individuo es su capacidad de trabajo, y en función de éste, su capacidad de ahorro. La capacidad de generar ingresos mediante el trabajo es una condición propia de las personas, y es el vehículo de su realización. Un trabajo realizado con diligencia y entusiasmo, por simple que sea, produce un efecto positivo en la persona misma y en el grupo laboral en donde se desarrolla. El tener trabajo es una de las cosas más grandes que puede ocurrirle a un individuo.
Mas aún, el trabajar en lo que le guste, ¡es lo mejor que puede a alguien sucederle!
El trabajo es el esfuerzo aplicado, es aquello a lo cual consagramos nuestras energías para lograr algo útil. En este sentido, el trabajo no es tan sólo la tarea con la cual nos ganamos el sustento, sino aquello que hacemos de nuestra vida. Aristóteles señalaba:
“La felicidad reside en la actividad tanto física como mental”.
Reside en hacer cosas de las que pueda uno enorgullecerse, y de las que, por lo tanto, disfrute realizándolas. Las mayores alegrías de la vida no son las que se apartan de nuestro trabajo, sino las que se avienen con dicha labor. Los que se pierden la alegría del trabajo, de la labor bien realizada, se pierden una parte muy importante del disfrute de su vida.
Por supuesto, uno podría “hacerse rico” robando o estafando el dinero de otros, con lo cual se lograría el objetivo de acumular dinero. Pero si se procediera de esa forma, la persona se expone a consecuencias muy graves que pueden finalmente causarle un daño irreparable. Por último, podría caer en la trampa emocional y psicológica de estar siempre sintiendo pasos tras de sí, o estará siempre esperando el momento en que será atrapado por la justicia.
Estas formas de acumular dinero no cumplen el objetivo de ayudar al desarrollo personal, y, por lo tanto, no parecen ser el camino más recomendable.
Por último, está el camino de la buena fortuna que, sin lugar a dudas, existe. Pero basar la formación de un capital en la probabilidad de obtener un premio de azar, es sólo un romanticismo.
El consejo más sabio es estudiar, ya que en algunos casos permite acceder a empleos mejor remunerados, pero, sobre todo abre una puerta a la cultura, a mayor inquietud intelectual y acceso a campos modernos del conocimiento. El estudio, el trabajo y el ahorro están al alcance de todos. Lo que se requiere es perseverar.