La Bolsa es lógica, pero tiene una lógica muy especial, con muy poca relación con la del hombre de la calle.
Es caprichosa como una persona consentida o como el tiempo. Sabe adornarse con mil trucos y encantos para atraer a su presa y, en el momento en que uno menos lo espera, se da la vuelta y le muestra la espalda. Mi consejo es dejar pasar ese cambio de humor con frialdad, y, sobre todo, no intentar buscar para ello una explicación lógica.
Para comprender la Bolsa en su conjunto, hay que conocer el mecanismo de los movimientos al alza y a la baja, cómo se producen, cómo se desarrollan y cómo llegan a su fin. De acuerdo con la lógica de la Bolsa, no puede considerarse como un axioma que las acciones buenas suben y las que no lo son bajan; tampoco puede considerarse axiomático el que las cotizaciones de la Bolsa bajan cuando la situación económica es mala y que cuando es buena tienen que subir. Con una perspectiva de muchos años, se ve con naturalidad cómo acciones de empresas pequeñas, que se han convertido en grandes, han ido subiendo de manera paralela (así se han comportado muchas acciones norteamericanas en auge). Y cómo los valores de aquellas empresas que poco a poco van decayendo, bajan al máximo. A veces incluso se derrumban ramas enteras de un sector como consecuencia de nuevos descubrimientos técnicos.
Estos son los movimientos a largo plazo. Para preverlos no hace falta ser un especialista en Bolsa sino futurólogo, técnico o incluso un pequeño profeta. Aun cuando se conozca a fondo y de modo perfecto una rama determinada, no se puede prever de dónde surgirá la competencia de todo el sector o de una empresa. Es posible, por ejemplo, que gracias a un nuevo descubrimiento tecnológico en Estados Unidos se presente una buena coyuntura para una determinada rama de la industria, pero que sea contrarrestada pronto por el efecto de una producción japonesa notablemente más barata. En consecuencia, para tener éxito a largo plazo se precisaría ser un visionario. En los pasados lustros he tenido muchos amigos que han gozado de tales «visiones del futuro» (por ejemplo, en relación con IBM o Xerox), y gracias a ello se han hecho millonarios. Yo misma he tenido, ocasionalmente, visiones de ese tipo que me han llevado a mejorar mis conclusiones. Pero esas evoluciones a largo plazo no tienen realmente mucho que ver con los auténticos movimientos cíclicos de la Bolsa.
Por el contrario, se operan cambios a corto plazo que pueden servir de atajo, de un día a otro, de una semana a otra. Mi análisis no tendrá mucho valor en relación con ellos, pues los movimientos en zigzag y a corto plazo son de todo punto incalculables e incomprensibles. Como ya hemos dicho, la Bolsa se comporta como un alcohólico: cuando está borracho reacciona de modo inesperado y sorprendente; con frecuencia recibe con lágrimas las buenas noticias y se ríe de las malas. Esto dejando a un lado el hecho de que un buen profesional de la Bolsa ni siquiera está en condiciones de juzgar qué noticias son buenas y cuáles malas.
Así pues, sólo nos queda un interesante campo de batalla: el de la especulación a plazo medio, de acuerdo con los movimientos cíclicos. En él, al menos, los factores influyentes pueden ser analizados de manera concreta y se pueden conocer argumentos (correctos o falsos) así comoformarse ideas y conceptos.
Nos vemos en el siguiente artículo.
Es caprichosa como una persona consentida o como el tiempo. Sabe adornarse con mil trucos y encantos para atraer a su presa y, en el momento en que uno menos lo espera, se da la vuelta y le muestra la espalda. Mi consejo es dejar pasar ese cambio de humor con frialdad, y, sobre todo, no intentar buscar para ello una explicación lógica.
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| Gráfico de bolsa |
Para comprender la Bolsa en su conjunto, hay que conocer el mecanismo de los movimientos al alza y a la baja, cómo se producen, cómo se desarrollan y cómo llegan a su fin. De acuerdo con la lógica de la Bolsa, no puede considerarse como un axioma que las acciones buenas suben y las que no lo son bajan; tampoco puede considerarse axiomático el que las cotizaciones de la Bolsa bajan cuando la situación económica es mala y que cuando es buena tienen que subir. Con una perspectiva de muchos años, se ve con naturalidad cómo acciones de empresas pequeñas, que se han convertido en grandes, han ido subiendo de manera paralela (así se han comportado muchas acciones norteamericanas en auge). Y cómo los valores de aquellas empresas que poco a poco van decayendo, bajan al máximo. A veces incluso se derrumban ramas enteras de un sector como consecuencia de nuevos descubrimientos técnicos.
Estos son los movimientos a largo plazo. Para preverlos no hace falta ser un especialista en Bolsa sino futurólogo, técnico o incluso un pequeño profeta. Aun cuando se conozca a fondo y de modo perfecto una rama determinada, no se puede prever de dónde surgirá la competencia de todo el sector o de una empresa. Es posible, por ejemplo, que gracias a un nuevo descubrimiento tecnológico en Estados Unidos se presente una buena coyuntura para una determinada rama de la industria, pero que sea contrarrestada pronto por el efecto de una producción japonesa notablemente más barata. En consecuencia, para tener éxito a largo plazo se precisaría ser un visionario. En los pasados lustros he tenido muchos amigos que han gozado de tales «visiones del futuro» (por ejemplo, en relación con IBM o Xerox), y gracias a ello se han hecho millonarios. Yo misma he tenido, ocasionalmente, visiones de ese tipo que me han llevado a mejorar mis conclusiones. Pero esas evoluciones a largo plazo no tienen realmente mucho que ver con los auténticos movimientos cíclicos de la Bolsa.
Por el contrario, se operan cambios a corto plazo que pueden servir de atajo, de un día a otro, de una semana a otra. Mi análisis no tendrá mucho valor en relación con ellos, pues los movimientos en zigzag y a corto plazo son de todo punto incalculables e incomprensibles. Como ya hemos dicho, la Bolsa se comporta como un alcohólico: cuando está borracho reacciona de modo inesperado y sorprendente; con frecuencia recibe con lágrimas las buenas noticias y se ríe de las malas. Esto dejando a un lado el hecho de que un buen profesional de la Bolsa ni siquiera está en condiciones de juzgar qué noticias son buenas y cuáles malas.
Así pues, sólo nos queda un interesante campo de batalla: el de la especulación a plazo medio, de acuerdo con los movimientos cíclicos. En él, al menos, los factores influyentes pueden ser analizados de manera concreta y se pueden conocer argumentos (correctos o falsos) así comoformarse ideas y conceptos.
Nos vemos en el siguiente artículo.
